Esta fotohistoria muestra cómo el uso constante del móvil puede llegar a ocupar todos los momentos del día, incluso desde que nos despertamos. La protagonista depende de su dispositivo hasta que, al quedarse sin batería, se enfrenta a un vacío inesperado. Sin embargo, esa desconexión forzada le permite reconectar con su entorno y con otras personas. A través de una interacción cotidiana, descubre que la felicidad no está solo en la pantalla, sino también en las relaciones reales y los pequeños momentos compartidos.
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Despedida del blog
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